Estamos a punto de concluir nuestra campaña político-electoral por un cambio en el gobierno municipal de Guadalajara para elevar la calidad de vida de los tapatíos.
A lo largo de casi dos meses de intenso contacto con los ciudadanos, recogimos la inconformidad de la población –y especialmente de las amas de casa o jefas de familia– porque la economía familiar se deteriora cada vez más ante la indolencia de los actuales gobernantes. Nos expresaron también su preocupación por la inseguridad pública y los abusos de los cuerpos policiacos (que yo mismo sufriera en carne propia en días pasados). Pude captar, además, el disgusto ciudadano por el deterioro que de la política han hecho los del partido en el gobierno con sus campañas de mentiras, difamaciones y calumnias.
Todo lo anterior acrecentó en nosotros y en la opción política en la que milito nuestro firme compromiso por realizar desde el gobierno municipal de Guadalajara acciones que tiendan realmente a:
1.- Promover la inversión y el empleo, así como también políticas que mejoren la economía familiar y eleven la competitividad de Guadalajara. Sin competitividad no habrá inversión y sin inversión no se puede generar empleos;
2.- Brindar seguridad en las personas y en sus bienes. Y lo que es más importante: un concepto de seguridad que incluya también la seguridad en el empleo, en los servicios de salud y de educación.
3.- Entender la política como una actividad para construir acuerdos tendientes a la construcción de bienes públicos y a la realización de obras de beneficio social. Veo también como necesario el reencuentro de la política con la ética y la verdad.
En los momentos actuales que vive nuestro país, de la mayor importancia resulta el pleno respeto entre órdenes de gobierno. El que en un estado su gobernador sea de un partido político y el presidente municipal de otro es signo inequívoco de normalidad democrática. Lo anormal, en todo caso, es que en una democracia se pretenda asustar a la población sobre supuestas consecuencias negativas que ese feliz acontecimiento tendría. Esto, que en la politología se conoce como gobiernos yuxtapuestos, es una realidad cada vez más frecuente en los federalismos contemporáneos.
Propongo realizar, desde el gobierno municipal de Guadalajara, una política de concordia y reconciliación, que ponga por encima de aquello en que diferimos todo en lo que coincidimos.
Declaro mi más absoluta disposición a trabajar de manera armónica y respetuosa con el gobierno federal y el del estado. Las diferencias partidarias deben quedar superadas en las relaciones entre gobiernos.
Tenemos un presente que reconstruir, padecemos urgencias que amenazan rebasarnos como sociedad, y buscamos alcanzar un futuro más digno y mejor para todos.
Rechazamos la intolerancia por obtusa y cerril. Quienes se niegan a discutir y contrastar ideas sólo acusan temor e inseguridad en sus propias convicciones. Por eso, privilegian la mentira y el ataque negándose a recurrir a la política para construir y conciliar las diferencias.
La única política genuina es la política de la verdad. Practiquémosla y contribuiremos a que se imponga la fuerza de la política sobre la política de la fuerza.
Quienes en las campañas utilizan la violencia verbal en el fondo con ello demostraron su impotencia electoral. No le tememos a la competencia política, lo que rechazamos es la incompetencia política.
En las sociedades contemporáneas la diferencia entre éstas no es la ausencia o no de democracia, sino la calidad de la democracia con la que se cuenta. Tampoco lo es arribar a posiciones de autoridad para acumular poder, sino los límites de la autoridad y los controles sociales e institucionales al poder. En síntesis, la diferencia es entre poner el poder al servicio de la gente a que la gente se sirva del poder.
Quienes por cerca de 15 años han defraudado la confianza de la población y han deteriorado el entorno urbano y la competitividad de Guadalajara están descalificados ética y moralmente para pedir una nueva oportunidad, prometiendo “el cielo y las estrellas” con tal de perpetuarse en el poder y ejercerlo en beneficio personal, familiar o de su grupo político. Sin embargo, ni esto, ni el “pedir disculpas” podrá detener la legítima aspiración de cambio político en Guadalajara.
¡Llegó la hora del cambio en Guadalajara!
Un cambio con responsabilidad y con rumbo. Un cambio acorde a nuestra cultura y tradiciones, pero con sentido moderno, tolerante y de sensibilidad social.
Un cambio por un gobierno que trabaje y deje trabajar.
Un cambio por un gobierno que proteja las libertades y la igualdad de oportunidades para el progreso material y cultural; que reencuentre los hechos con las palabras y la política con la verdad.
Somos hoy el cambio del nuevo vigor de la sociedad tapatía: el cambio que reúne las aspiraciones de las mujeres; la rebeldía y creatividad de los jóvenes, la tenacidad y el talento constructivo de las clases medias; la iniciativa de los hombres de empresa; las aportaciones de académicos, artistas e intelectuales; el empuje decidido de la Guadalajara de nuestros días.
El próximo domingo habrá elecciones y estoy seguro que en ellas vamos a ganar. Y, lo que es más importante, tengo la firme convicción de que debemos ganar.
Debemos ganar porque tenemos sensibilidad social, sabemos gobernar y ofrecemos lo que podemos cumplir. Tengan la confianza que las propuestas que he hecho en materia de defensa de la economía familiar, de seguridad pública y de gobierno metropolitano y que he firmado ante notario público se habrán de transformar en acciones de gobierno.
Nos encontramos ante la feliz circunstancia de conciliar crecimiento económico con cambio político. No desaprovechemos la oportunidad.


