Hola, en esta ocasión me gustaría que conocieran a otro personaje que pese a todo lucho por cotinuar con la vida a pesar de que tenía todo en contra: Jean Dominique Bauby.
Jean-Dominique Bauby escribió un libro en un abrir y cerrar de ojos. De un ojo, más bien: el izquierdo. Era el único movimiento que el director de Elle conservó tras un accidente cerebral. Las capacidades de su mente, el ánimo y las ganas de vivir también sobrevivieron.
El libro se titula Le scaphandre et le papillon (La escafandra y la mariposa): Es decir, la coraza(escafandra) que inmovilizó su cuerpo y el espíritu (mariposa) que aún podía vagabundear. Un relato del mundo hospitalario, las visitas de sus hijos, el ritmo de la luz de un faro próximo, sus recuerdos de viajes, los libros que lamentó no haber podido leer y los que le leyeron, postrado en la inmovilidad. Si recuerdan y son amantes del cine, el año pasado salió la película basada en el libro con el mismo título.
Bauby era periodista y, por ello, hombre agitado y cáustico. Como muchos periodistas, soñaba con un libro; iba a ser una versión de El conde de Montecristo con una mujer en el papel principal. La vida le acercó a otro personaje de la novela de Dumas: el viejo Noirtier, un paralítico que se comunicaba guiñando un ojo.
Su enfermedad "Locked In", originada por un accidente vascular o un traumatismo, es un cortocircuito en el tronco cerebral que rompe la comunicación entre el cerebro y las funciones motrices. A él le sobrevino el 8 de diciembre de 1995. Veinte días de coma. Varias semanas semiinconsciente. y al despertar no podía comer, ni respirar sin asistencia. Sólo podía mover el párpado izquierdo y, un poco, el cuello. Una ortofonista le enseñó un alfabeto ordenado por la frecuencia de aparición de las letras. Lo repetía y él parpadeaba en la letra deseada. Un guiño le servía para asentir; dos, para decir no.
Bernard Fixot, presidente de la editorial Laffont, le envió a Claude Mendibil, su amanuense (aquel que toma el dictado del libro antes de pasar al redactor). En julio y agosto, cada mañana, le tomaba al dictado en la habitación 119. Letra a letra. Durante tres horas. Tres días, un capítulo.
Bauby redactó en enero una sucinta autobiografía con igual método y humor: "Nacido en París en el 52, promoción baby boom. Conoció los castigos en el cole. Después de breves Humanidades y un breve paso por el maoísmo, tendencia Marcel Proust, aprendió periodismo en Le Quotidien de Paris, donde debutó el día de la muerte de Pompidou. Participó en la aventura de Le Matin y en Paris-Match para borrar pistas, su ocupación favorita. En 1991, aprovechando el lío de la Guerra del Golfo, se convirtió en director de Elle. Desde el 8 de diciembre del 95 lleva una existencia totalmente inédita; minusválido para unos, mutante según él mismo. Sigue siendo padre de dos hijos a los que ha dedicado Le scaphandre et le papillon".
Jean-Dominique Bauby, periodista, de 44 años, murió el 9 de marzo del 2007 en un hospital de París.
Sobre la película les puedo sugerir que la vean, si bien es un drama que te hace sumergirte en todo viaje emocional empezando por la tristeza, pasando por la desesperación al imaginarte en las circunstancias del protagonista pero al fin termina con un mensaje de esperanza. Interesante también porque te lleva a la reflexión sobre la eutanasia, como decidir cortar la vida de una persona cuya existencia esta confinada a una cama y/o silla de ruedas, cuando los que te rodean piensan que esa no es una vida para ti, ¿Realmente somos capaces de conocer los deseos de personas que como Jean Dominique o Stephen Hawkin sufrieron enfermedades que los llevaron a un estado poco ideal? No todos tienen la capacidad de comunicarse por medio de un parpadeo o una máquina. Entonces, ¿Cómo decidir que la vida ha acabado para ellos?.
Existen seres humanos extraordinarios que contra todo pronóstico han llevado una vida mucho más feliz que aquellos que supuestamente podemos utilizar la gran mayoría de nuestras capacidades, enseñándonos que los límites no los imponemos nosotros mismos, así que nuevamente los invito a valorar los pequeños detalles de nuestra vida y a disfrutarlos mientras podamos.

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