Tauromaquia, La sangre convertida en Fiesta
El nacimiento de la tauromaquia, practicada comúnmente en las corridas de toros, se remonta a la época de bronce, donde no solo se peleaba con el toro por simple placer o diversión, sino también con el fin de obtener alimento, o utilizar sus cuernos para elaborar algún tipo de arma.
Actualmente el “arte” de la tauromaquia incluye toda la faramalla detrás de las corridas de toros como lo es la crianza del toro, su captura del medio salvaje si es el caso, la confección de la vestimenta de los participantes así como los carteles y otras herramientas promocionales con toque artistíco.
En dichas corridas se reconoce al Torero y/o rejoneador (el que va a caballo) casi como un héroe.
Ahora resulta que nuestra sociedad admira desde tiempos remotos a aquel que mata con saña para divertir a otros, pues ¿Qué no estábamos en contra de secuestradores y asesinos?, sinceramente es otra de las ambigüedades del ser humano que no entiendo.
Justificaciones hay muchas, primero se dice que el toro de lidia no sirve para otra cosa, aunque esto es en parte cierto, hay que aclarar que esta raza de toro ha sido criada por el hombre, apareando a aquellos ejemplares más agresivos y robustos, algo así como lo que Hitler planteaba hacer con la creación de su raza pura (llámenme exagerada). Independientemente de que no sirvan para otra cosa son seres vivos, con el derecho a vivir, y como todo animal en la cadena alimenticia podría tener un predador además del hombre, por lo que no habría un desequilibrio.
Desgraciadamente a los toros sólo se les deja vivir unos pocos años. Son llevados a la plaza, claro después de una buena dosis de maltrato que en parte los asusta y confunde y en parte los vuelve agresivos, como cualquier animal que sigue su instinto trata de huir, imagínate la desesperación de querer escapar y ser maltratado, todo esto ante una multitud que exige más.
Les clavan banderillas, puyas, les agotan, les zarandean, les golpean, les clavan una enorme espada y después en el matadero, todavía consciente, con un hacha le destrozan lo que queda de él. Hasta donde llega la crueldad del hombre.
Ningún animal nace para ser tratado de esa manera, si bien existen predadores es la ley de la naturaleza cuyo fin es subsistir y se supone que al contar con inteligencia no deberíamos de matar por placer.
Porque nos admiramos de la matanza de focas en Canadá y la caza de ballenas y tomamos como algo normal los eventos de cada domingo en la plaza de toros. Aún nos encontramos en aquellas épocas romanas donde la alta sociedad se regocijaba en el coliseo al ver pelear y morir hombres contra fieras, todo con el fin de divertir; sólo que ahora el coliseo se llama plaza de toros.
Otro alegato a favor de las corridas de toros dice que es un arte, una tradición arraigada por los españoles que forma parte de nuestra propia identidad. Cuando al menos aquí en México nos hemos admirado de las prácticas culturales de países del medio oriente tachándolas de retrógradas. En cierto caso hay que criar hombres para matarlos con el fin de la diversión ¿no?, y convertirlo en parte de nuestra cultura. A fin de cuentas que somos bastantes y con la muerte de unos cuantos no se alteraría el ciclo de la naturaleza.
Para mí la persistencia y popularidad de actos como este sólo me dan a entender que el ser humano esta siendo cada vez menos sensible ante la vida de otros, cada día que pasa nos preocupa menos nuestro entorno, hemos entrado a un proceso de “deshumanización” donde lo mismo nos da matar a un animal que secuestrar a una persona.
No espero que de la noche a la mañana desaparezcan, tampoco que al terminar de leer esto repudien a todo aquel que practique o guste de asistir a estos eventos, mi interés es reflexionar sobre la diferencia en este acto y otros dirigidos hacia el maltrato tanto de animales como de personas y encontrar las diferencias o similitudes, y tal vez después de este análisis ahora sí tener un juicio más profundo a favor o en contra de la tauromaquia.
Esta es una de las pocas decisiones que podemos tomar, recordando una ley básica del mercado: “Si no hay demanda, tampoco habrá oferta”.
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Hace 8 años

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