Fue muy extensa la lucha de Benito Juárez, por separar al Estado, de la Iglesia. En mi opinión fue la mejor decisión. Porque si la iglesia (católica) tuviera las riendas de la educación, lejos de que nosotros los mexicanos “aprendiéramos a aprender”, estaríamos siendo “doctrinados”. Y aún así, hay ineficiencia en la educación
Imagínense, coartar la libertad de pensar. Que es de los pocos privilegios que nos queda. Todos seriamos como maquinas programadas del catolicismo , es decir, una sociedad cerrada a la opinión, a puntos de vista, que todo es pecado y lo vamos a pagar, etc. En nuestros días la educación es un negocio, pero lejos de mejorar va empeorando. Podemos ver universidades por todos lados, que se implementan programas interactivos en las escuelas y que poco resultado dan, que hay que dar computadoras a las escuelas, etc. Además de esto, un gobierno empedernido con el narcotráfico y totalmente desinteresado en la educación.
“Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres.” Pitágoras
El día de hoy dejó un hueso muy grande (quien sabe y este buscando otro aún mejor) Josefina Vázquez Mota y quedó Alonso Lujambio Irazábal como secretario de educación pública. Algunos afirman que existe el peligro de que la extrema derecha quite la educación laica en nuestro país y claro me que me preocupa, pero más me preocupa el hecho de que la educación se tome como asunto vario en la agenda del gobierno calderonista.
Además de esto podemos ver que otro gran obstáculo para el progreso de la educación, tiene nombre, y se llama Elba Esther Gordillo Presidenta del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Al parecer las decisiones de esta señora se respetan a los más altos niveles, y que bueno, es ejemplo de que una mujer puede llegar lejos, pero esto no le da derecho a jugar con los temas educativos en nuestro país.
Existe pues una gran contradicción en los temas educativos en el país y el gobierno es incapaz de ejercer orden. Pobre de Benito Juárez, si viviera, moriría de ver lo que pasa en el país.
Diego Federico Rodríguez Garduño.

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